21 diciembre 2006

Marcada por mi aliento





Me acerco con sigilo hasta la habitación. Empujo la puerta con cuidado intentando que no percibas mi presencia. Me gusta observarte cuando ignoras que estoy a tu lado. Contemplo tu espalda perfectamente dibujada bajo la blusa negra que contrasta a la perfección con el blanco de tu piel. Estás ligeramente inclinada mientras escribes otra de tus historias cargadas de erotismo. Suspiras y con un gesto muy femenino retiras el pelo dejando al descubierto la nuca. Bajas de nuevo la cabeza y continúas, sin inmutarte, abstraída en el mundo del placer.
Avanzo hacia ti muy despacio. A medida que mis pasos nos aproximan percibo el sutil aroma de tu perfume. Lo inspiro profundamente y noto cómo toda mi piel se eriza. Estoy detrás de ti. Flexiono las rodillas y coloco mis labios a escasos centímetros de tu nuca. Vierto sobre ella toda la calidez de mi aliento. Tu piel reacciona y cambia de textura. Tratas de girarte pero mis manos han sido más rápidas que tu deseo y te obligo a permanecer en la misma posición en la que te he encontrado hace unos minutos. Entiendes mi deseo. Lo satisfaces permaneciendo inmóvil.
Mis labios rozan tu nuca lentamente. A cada centímetro recorrido lo acompañas con un intenso suspiro. Me delito contemplando cómo tu respiración se acelera y leyendo en tu inmovilidad que deseas aún más placer del que te estoy proporcionando. La lengua se abre paso entre mis labios y acaricia con deseo tu piel. Trazo pequeños círculos con ella y un intenso gemido se escapa de tu interior. Saboreo a mi antojo esta parte de ti que me fascina, no tanto por su erotismo, sino por las connotaciones que tiene entre nosotras.
Percibo tu excitación y ahora, con mis susurros entrecortados, tú ya eres consciente de la mía. Me separo de tu piel mientras que las manos recorren muy despacio la distancia que hay entre tu cuello y los hombros. Una agradable sensación recorre todo mi cuerpo y la tibieza invade mi sexo. La lengua regresa a tu nuca y traza con firmeza una inicial sobre ella.
- Escríbelo otra vez- susurras
- ¿Qué estoy escribiendo?- inquiero divertida
- La inicial de mi tortura. La letra de mi placer. El nombre de mi pasión- respondes agitada.

Mojo bien la lengua y con la punta escribo sobre tu piel: De abajo hacia arriba una firme línea recta. Desciendo en perpendicular y vuelvo a subir con rapidez. Entre suspiros trazo la última línea de una “M” mientras mis manos ya se van deslizando hacia tu pecho.