01 agosto 2006

Brisa

Me desnudo. Paso por delante del espejo pero, esta vez no me detengo a observar mi cuerpo. Mis ojos ya no encuentran la belleza que tú siempre has visto en mi silueta. Por eso prefiero estirarme en la cama, perderme en la oscuridad de mi mente y recordar el sonido de tu voz. Mi torpe cerebro repite con insistencia las palabras mágicas que fluían de tus labios. Toda mi piel se eriza y un ligero cosquilleo invade mi sexo. Separo lentamente las piernas y el susurro de tu voz se hace más claro e intenso. Una suave aliento recorre mi cuerpo y se hace más intenso cuando llega a mi sexo. Puedo notar el calor. Me invade, me excita. Estás aquí... Lo sé. Muevo mi cuerpo en un intento de hacer permanente este deseo de mantener esta calidez que ya ha pasado a dominarme. Una leve variación en la intensidad que experimento me lleva a abrir los ojos. Estoy sola. Busco con la mirada de dónde procede la brisa que me ha hecho estremecer... El ventilador reposa en el mismo sitio en el que lo dejé la noche anterior...