01 noviembre 2006

El lugar que imaginas




Llevaba días pensando dónde se produciría nuestro primer encuentro. No existía ningún plan concreto para aquella primera vez. Las cosas entre nosotras siempre habían fluido con naturalidad y, para esta ocasión tan especial, no íbamos a hacerlo diferente.
Al principio pensé que debería escoger uno de los restaurantes en la zona alta de la ciudad a los que voy con frecuencia. Esos locales son perfectos para veladas íntimas
Sin embargo, algo en mi interior me decía que necesitaba algo diferente. Desde el principio tenía claro que la cena era lo de menos así es que me concentré en buscar un lugar en el que, simplemente, las dos nos sintiéramos bien.
Una mañana al levantarme, mientras que aun conservaba vivo el recuerdo de mi reciente sueño con ella apareció en mi mente el lugar idóneo para vernos. Había oído hablar a mis compañeros de trabajo de aquel lugar pero, la verdad es que nunca había tenido curiosidad por conocerlo. Tal vez fuera el momento de hacerlo. Llegó el día señalado y a las nueve en punto de la noche me presenté en el restaurante ella aún no había llegado lo cual agradecí porque esto me permitía inspeccionar el lugar y empezar a dar rienda suelta a mi imaginación. Aquel restaurante estaba decorado al más puro estilo oriental. Un amplio comedor perfectamente ordenado daba paso a unas preciosas salas para cenas privadas. No pude evitar sonreír y disfruté con la idea de que en breves minutos iba a compartir con ella uno de aquellos espacios
Después de esta primera visita decidí que la esperaría en el interior. Me excitaba la idea de que ella atravesara aquella sala tal y como yo le había indicado. Elegante, segura, digna y, por supuesto, sin ropa interior Acaricié con mis dedos la fina mesa de madera que tenía justo a mis pies. Me estremecí al pensar que tal vez así fuera el tacto de su piel. Empezaba a disfrutar del momento cuando la puerta del reservado se abrió.
Apareció ante mí una joven oriental que venía a hacerse cargo de mi abrigo y a asegurarse que no me faltaba de nada. Casi con la misma discreción con la que había entrado se marchó y me dejó de nuevo sola con mis pensamientos. Me arrodillé junto a la mesa y traté de no pensar, de dejar libre mi mente tal y como sucedía cada vez que compartía mi tiempo con ella. "Mejor no premeditar nada. Mejor que las cosas sucedan" repetía mi mente una y otra vez. Mientras estas palabras sonaban en mi interior noté una presencia a mi lado. Sabía que debía abrir los ojos. Estaba segura de que era ella. Sin embargo prolongué aquella sensación unos segundos más preparándome para disfrutar lo que el resto de la velada tenía reservado para nosotras.
Cuando volví a la realidad me encontré directamente con su mirada y, aunque traté de ser lo más racional posible, el momento no era el más adecuado para obedecer a la mente. Ella se había agachado de manera que su rostro quedaba a la misma altura que el mío. Mis labios se acercaron a los suyos lentamente hasta que empecé a percibir la suavidad de su boca
Nuestros rostros encajaron a la perfección mientras que nuestra respiración agitada se había transformado en una sola Quería saborear su lengua, conocer el sabor del oxígeno que la alimentaba pero era incapaz de alejarme de aquella sensación que me invadía
Fue ella la que decidió explorarme. Lentamente abrió sus labios y la calidez de su lengua me inundó por completo al mismo tiempo que unas manos delicadas acercaban aún más mi rostro al suyo Me rendí al deseo, al placer, a la ternura. Mi lengua entró en contacto con la suya. Ignoro cuánto tiempo permanecimos así pero recuerdo perfectamente el vacío que sentí cuando ella se separó de mi lado
Yo quería permanecer en su cuerpo todo el tiempo que fuera posible. Deseaba formar parte de su deseo, de su pasión. Percibió mi tristeza y sonrió. Se arrodilló al otro lado de la mesa y fue entonces cuando pude contemplar parte de su anatomía. Un cuerpo reservado solo para el placer que ambas compartiríamos horas después y que, en esos instantes, yo ignoraba por completo......


NOTA. Este texto no está corregido. Ha sido fruto de un momento de narración en directo y he querido reproducirlo tal y como salió de mis dedos, de mi mente y de mi espíritu