12 mayo 2009

Erotismo espiritual





*Texto escrito por la autora de este espacio y publicado en los Blogs de "El País"

Hasta hace dos noches hubiera podido afirmar sin ningún problema que mi vida era perfecta. Sin embargo, he empezado a existir en las últimas cuarenta y ocho horas Todo empezó cuando salí a dar un paseo antes de cenar. Un leve susurro fue guiando mis pasos. Con el corazón cada vez más acelerado ante la proximidad de aquella voz realmente hermoso logré divisar su espectacular silueta. Sentado sobre una roca y en perfecta armonía con el resto el paisaje sus labios carnosos se movían con sensualidad para repetir una y otra vez el mismo mantra: "Solo cuando el alumno está preparado aparece el maestro".

Comencé a avanzar hacia él con el mayor sigilo posible. Una fuerza hasta entonces desconocida para mí me impulsaba a tocarle. Deseaba más que nada sentir el contacto de su piel que, a aqulla distancia, parecía suave y cálida. Alargué una mano en un intento desesperado de impregnarme de aquella serenidad que emanaba de cara poro de su piel. Pero sin apenas darme cuenta él se había girado con una elegancia sobrenatural y ahora me encontraba perdida por completo en la serenidad que había en su mirada.

Durante los minutos que se sucedieron caí rendida a sus pies. Él lo supo pero tan solo se limito a acercarse hasta donde yo me encontraba y seguir susurrando esta vez junto a mi oído. Podía percibir el aroma de su aliento. Una mezcla de vainilla y canela que despertó sensaciones bastante olvidadas. El calor que emanaba de su boca mientras me hablaba provocaba que toda mi piel se erizara y que intensos escalofríos se adueñaran de cada centímetro de mi piel.

Algo acuoso y tibio empezó a recorrerme las mejillas mientras él me las rozaba con la mano. Contemplé sin apenas poder mantener el equilibrio cómo se llevaba las yemas de los dedos humedecidas a sus labios. Observé con la respiración entrecortada cómo saboreaba mis lágrimas. Después todo se volvió borroso...

Los primeros rayos de sol empezaron a iluminar mi dormitorio. Abrí los ojos y mi mente se recreó en el sueño tan intenso que me había acompañado durante la noche. Me senté sobre la cama y me di cuenta de que un aroma familiar me envolvía. Inspiré con fuerza y una sonrisa se dibujó en mi rostro cuando identifiqué los elementos: Vainilla y canela. En ese momento sus últimas palabras acudieron a mi mente: " Solo avanzando despacio podrás ir más rápido. Cuanto más lento sea el proceso más tiempo permaneceré a tu lado".