08 enero 2013

Comienzos

  
 



 Al respirar el aire del primer día del año tengo la sensación de empezar algo nuevo como si el sortilegio y la tradición de las doce uvas pudiera borrar todo lo viejo, lo malo, lo aburrido y lo rutinario de estos meses que acabo de dejar atrás. 

   Durante varios años y supongo que como miles de personas en todo el mundo yo también he hecho los correspondientes propósitos para año nuevo. La mayoría de ellos no han sido nada especial. Cosas tan mundanas como perder peso, hacer más ejercicio, practicar la paciencia, la tolerancia... Pero este año las cosas han sido diferentes. Por primera vez en mucho tiempo no ha habido en mi mente espacio para ninguno de ellos. Lo sabes porque te lo conté mientras te abrazaba en ese sofá que ha vivido cientos de noches en vela. Hasta a aquel instante en el que fui capaz de verbalizarlo ni si quiera había sido consciente de que había pasado por alto esa antigua tradición. Enseguida tú, fiel al deseo de que no deje de hacer nada y de que tenga todo lo que deseo me dijiste: "Tienes que hacer tus propósitos de año nuevo".

   Lo cierto es que lo he pensado mucho y aún no he logrado encontrarlos. Tal vez este año no los haya. O quizás es que ya no necesito proponerme nada nuevo para convencerme de que puedo. Probablemente el reflejo que me devuelven tus ojos cada vez que te miro sea más que suficiente para no desear nada más de lo que tengo. Porque lo cierto es que lo tengo todo.

   Sé que tú no. Que echas de menos que llene las páginas de este diario con el que tantas y tantas horas hemos pasado. Sobre el que henos conversado e incluso discutido por el significado de una frase, una palabra quizás. Sé que te asomas a esta ventana con cierta frecuencia para ver si al final ha ganado el deseo de renovar emociones o si, por el contrario, deseo conservar y mantener aquellas que nos han traido hasta aquí.

   En estas letras y en todas las emociones encontradas que se agolpan en mi interior mientras escribo tienes la respuesta.


   Disfruta...