25 enero 2007

Iniciación





Estamos sentadas en esta habitación porque tú lo has pedido. "Siento la necesidad de entregarme a una mujer" has susurrado hace unos minutos mientras que apurabas la última copa Bourbon. Al principio he tratado por todos los medios de que olvidaras la idea. Sin embargo has permanecido inmóvil mirándome a los ojos y ofreciéndome una respuesta que yo jamás habría adivinado. Me debato con mis pensamientos tratando de averiguar cómo voy a darte lo que deseas cuando apenas te he rozado. Cuando desconozco tus más íntimas fantasías. Cuando no sé si estás realmente dispuesta a ir más allá de tus limitaciones, de tus miedos.
Sigues a mi lado sin moverte y algo se prende en mi interior. Me levanto con paso decidido y me coloco detrás de tu espalda. Mis dedos se deslizan por tu cabello suave y oscuro. Mientras te acarician van abriendo pequeños surcos que dejan al descubierto tu nuca. Esa parte de tu cuerpo en la que ya estoy ansiosa por dejar la marca que hará mía.
Siento tu cuerpo temblar bajo mis manos y la respiración agitada me devuelve a la realidad. A ese momento en el que tengo que controlar todo aquello que me impulsa a hacerte sentir la sumisa que deseas ser. La perra que llevas en tu interior. Pero todavía es pronto. Muy pronto y no deseo estropear un momento como este.
Lentamente mis labios se posan sobre tu cuello y, tras unos segundos degustando la intensidad de tu piel te pregunto si estás bien. Tú asientes con la cabeza mientras que los temblores y escalofríos que invaden tu cuerpo se tornan más violentos. Me alejo de ti unos segundos. El tiempo suficiente para sacar del pequeño mueble que hay junto a la cama un pañuelo de seda negro que todavía no he estrenado.
- Cierra los ojos- te ordeno tratando de no ser demasiado brusca.
- Sí- respondes acatando mi petición mientras que en tu rostro se dibuja esa extraña pero excitante mezcla de temor y deseo.
Mis manos expertas te cubren el rostro. Tu espalda se tensa al percibir mi proximidad.
- Separa las piernas y coloca las palmas de las manos sobre los muslos- te susurro mientras siento una gran excitación ante la imagen que ya se empieza a adivinar.
Esta vez obedeces sin decir nada. Te observo en silencio. Veo cómo tu pecho se agita. Cómo se han encendido tus mejillas. Paseo a tu alrededor en silencio mientras me deleito con la belleza que desprendes. Con la entrega que, sin saberlo, ya me estás demostrando.
Tu rostro refleja confusión. No sabes lo qué va a pasar. Eso te aterra pero, al mismo tiempo, un nuevo sentimiento te obliga a permanecer callada. A abandonarte a mi capricho.
Es ahora mientras observo tu cuerpo ofrecido y ansioso por cruzar un nuevo límite cuando te pregunto: ¿Quieres que siga?

6 comentarios:

Alba dijo...

Yo también quiero que sigas... contándonos. ¿lo harás?

Besos y click desde el agua.

mireias32 dijo...

¡Podéis contar con ello! Besos***

galilea dijo...

Me has dejado totalmente excitada, te imaginaba, la imaginaba y mis muslos se han humedecido mientras lo leía.

Besos húmedos.

mireias32 dijo...

Mmmm. Seguro que estás preciosa así...

Anónimo dijo...

Mmmm Mireas, sí, quiero que sigas. Gracias por ese texto, es precioso. Al leerlo una sensación de excitación me ha invadido y estoy segura de que te respondería: Sí, sigue, por favor.
Un beso suave.

testa

mireias32 dijo...

En ese caso... Sigamos.