
Soy el sol. Te observo de lejos. Llevo calor y calma en un día de pausa.
Mis rayos acarician tu cuerpo en la distancia para no quemarte.
Poso mis manos en tu cuerpo mojado recién sacado del agua.
Seco cuidadosamente tu piel y la maquillo con un moreno bonito.
Sonrío en la lejanía deleitándome con el brillo que sale de tu piel.
Soy la brisa, vengo para calmar el fuego que el sol enciende en tu interior.
Soplo suavemente tus ojos para poder acariciar tu rostro relajado.
Acerco mi aliento y lo paseo por tu cuello. Tus pechos al sol. Un suspiro sale de ti.
Notas mi presencia recorriendo cada centímetro de tu cuerpo que el sol acaricia y maquilla.
Tu aliento se mezcla con el mió. Me acerco a tus oídos sigilosa. Traigo un mensaje
Desde la lejanía te traigo un anhelo que conoces. Te traigo su sonrisa que dibuja en su cara al pensarte.
Susurro sus palabras llenas de ternura, deseo, pasión, locura y desenfreno.
Soy la luna, me presento ante ti y me inclino sonriente para besar tus pies.
Te traigo un poco de luz en la oscura noche, para alumbrar tu silencio.
Escucho tu respiración, cansada de las caricias del sol y extasiada por los susurros de la brisa.
Entro en tu habitación sin prisas a través de tu ventana, escucho tus pensamientos.
Alargo mi mano para acariciar tu cara, mientras que mis ojos entienden tu locura con nombre propio.
Soy testigo de tus jadeos compartidos en la distancia, cómplice de tu laberinto de sensaciones.
Conocedora de dos gemidos diferentes y separados por el tiempo y el espacio.
Constantes suspiros de dos bocas deseosas de un éxtasis que pedís beber ambas.
Conozco vuestro secreto, soy participe de vuestras miradas y caricias.
Arropo con mi manto de luz tu cuerpo y lo beso en su nombre para que su esencia la sientas.
Soy la estrella, bajo con una pluma, tinta y papel para dejar constancia de lo que le dices a tu soledad.
Tu boca calla, tus ojos hablan al tiempo que la luna alumbra y sacan el brillo que guardas cuando la piensas.
Tu piel erizada me dicta palabras escritas con el recuerdo que invade tu mente.
Su lengua ha dejado huella eterna en tu piel y la disfrutas una y otra vez.
Hoy soy yo tu mensajera, la llevaré tu frenesí en un baúl cerrado para que no escape y llegue intacto a su destino.
De “S” para “R”